Opinión

El año del perro

El año del perroPor: Gabriel Taborda
eminen51@yahoo.com

No es coincidencia que este nuevo año 2018 sea llamado por los chinos “El Año del Perro” y cualquier parecido con nuestra realidad colombiana será por causa del azar.

Expresiones como “Vida de perros”, “lo trataron como a un perro”, y “perro mundo”, no son más que algunas de las diversas formas que los colombianos hemos optado para describir algo que ciertamente no es bueno, alguna situación o circunstancia francamente mala.

Sin querer aguar la fiesta, este año 2018 se presenta como uno de los más cruciales en el plano nacional e internacional, habida cuenta de los innumerables acontecimientos que se dan como inevitables.

Elecciones y cambios de gobierno en varios países del hemisferio, incluido el nuestro; comprobación de los vínculos mafiosos de la corrupta multinacional Odebrecht con algunos de los jefes de gobierno en todo el continente, son algunos de los hechos que se dan como inminentes en este nuevo año.

En el tema de la justicia, se espera que los casos de corrupción en la Corte Suprema de Justicia que involucran a algunos magistrados queden debidamente aclarados. Las consecuencias de los fallos condenatorios aún están por conocerse. En Argentina, Brasil, Perú y Ecuador, las cosas no marchan mejor. La justicia en el continente se tambalea.

En el plano económico las cosas no pintan mejor. El deterioro del poder adquisitivo de nuestra moneda es francamente dramático. En el primer día del año, el gobierno decretó un alza en el salario mínimo del 5.9% e inmediatamente los precios de los principales bienes de consumo se elevaron.

Lo pude comprobar de primera mano el día 2 de enero en una de las cajas de un supermercado de la ciudad. La persona que iba delante en la fila se trenzó en una agria disputa con la cajera porque el precio de uno de los artículos que estaba pagando ya que era superior al que estaba anunciado en la vitrina. Tras una exasperante espera, apareció la supervisora y zanjó la discusión con un código en la caja y una mueca de fastidio hacia el cliente que reclamaba. Las alzas van tan de prisa que no dan tiempo para cambiar los precios.

Sin embargo, no todo pinta mal; para hallar claves optimistas debemos mirar hacia adentro. La mayoría de los problemas que aquejan a las medianas ciudades de la región tienen una expresión tolerable en la nuestra.

Desempleo e inseguridad, los dos grandes flagelos sociales contemporáneos muestran índices favorables en la ciudad, lo que, unido a la oferta de cultura permanente y la amabilidad propia de sus gentes, revelan la verdadera esencia de esta grata ciudad.

Guadalajara de Buga seguirá siendo este 2018 el remanso de paz y tranquilidad que todos conocemos, no obstante, los oscuros presagios que trae consigo este inefable “Año del Perro’.

Coletilla:
El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.

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Redacción El Periódico

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